Entrevista con la ficción

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¿La pobreza está de moda? Algo debe suceder para que una multitud con jeans gastados y rotos se encuentren orgullosos de su indumentaria. La imagen de pantalones destrozados en otras épocas revelaría una penuria extrema, si bien no con un celular de última generación.

¿Por qué combatir la pobreza sí resulta una novedad? Esta nueva imagen no daña la vista, tampoco afecta a los sentidos y señalaría que ni siquiera desluce el paisaje ciudadano. Resulta interesante la composición de una representación de miseria inexpresiva y falta de empatía. Ese es uno de los varios logros conservadores, acostumbrar a la gente a que lo desmejorado sea normal. O como decía Eduardo Galeano, que la tortura sea apremio ilegal, la traición se llame realismo, el oportunismo pragmatismo…, etc.

Lo cierto es que en este ciclo de miradas alternativas, la revista Época, del todo poderoso medio O Globo, logró la “exclusiva entrevista” con Joesley Batista, empresario y uno de los dueño del fondo de Inversión J&F, del frigorífico JBS y el mayor corruptor de políticos, incluido el actual presidente, al que atribuyó ser el jefe de la mafia más grande y peligro de Brasil (https://goo.gl/8B4Nga).

La entrevista de cuatro horas es una obra de arte de la ficción, donde lo roto no está rajado, pero se pueden almacenar un sinnúmero de invenciones, teatralizaciones, mentiras, armados que vale la pena analizar. El primer punto es saber quién es el acusador, doado el conjunto de denuncias desparramadas, en las cual él y los empresarios de Brasil, en su conjunto, son unas víctimas de la maquinaria corrupta del Estado.

El imperio de los hermanos Batista lo comenzó su padre con una carnicería en 1953 en Goiás, prosperó comprando otras unidades, bautizó su emprendimiento como Friboi cuando se catapultó como frigorífico. En 2007 la empresa mudó de nombre al actual JBS, recibiendo junto con otras grandes empresas la política de impulso estatal llamada “Campeones Nacionales”. Créditos para trasnacionalizar empresas de Brasil.

El BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social) fue el impulsor al comprar una importante, casi desproporcionada, cantidad de acciones de JBS, que le permitieron a la empresa adquirir a Swift, la tercer compañía americana del sector,  por U$S 1.4 MM. Como resultado pasa de facturar R$ 4.000 MM al año a R$ 170.000 MM, unos 4000% más. En 2008 compra Smithfield Beef Group Inc., y se convierte en la empresa más grande del mundo en el sector.

En 2015, último dato disponible, su prestamista-socio e impulsor BNDES detenta el 30.7% de las acciones, la empresa factura unos 50.000 millones de dólares en 150 países y cuenta con 230.000 empleados en todo el mundo, dentro de los que se encuentran algunos de peso.

Henrique Campos Meirelles, hombre del PSDB (Partido Social Democrático de Brasil), fue el protegido Presidente del Banco Central de Brasil de 2003 a 2011. Su protector era Luis Inácio Lula da Silva. Y en 2012 pasó a ser el gerente general de Inversión J&F, dueña de JBS, Banco Original, entre otras empresas de la familia Batista, el acusador. El cargo lo ocupó hasta el 12 de mayo del 2016, cuando asumió como Ministro de Hacienda del golpista gobierno de Temer.

Su jefe acusó de corrupto al temporal ocupante de la presidencia de Brasil, así como a Lula y al Partido de los Trabajadores en general. Lo extraño es que mientras los corruptos corrompían, el señor Meirelles estaba al mando de Banco Central, cuando destituyeron, con el apoyo de su partido, a la presidenta Dilma Rousseff. Ahora es Ministro de Hacienda del golpe, pero se mantiene alejado de los reflectores y la red O Globo lo omite de la denuncia de soborno por su jefe y de las proximidades con el presidente del BNDES.

¿No se puede llevar a cabo en Brasil un negocio sin tener que comprar a los políticos? Esta es una de las preguntan no contestadas por Batista, o una en la que se incrimina de manera absurda. A su entender la corrupción comenzó hace unos 10 años, es decir, cuando el BNDES le prestó o compró acciones de forma desmedida con el plan brasilero para que su empresa conquistara el mundo. Pero, como era de esperar, ni él ni su compañía se dieron cuenta que estaban formando parte de una organización criminal.

Un ejemplo grotesco lo remite a Mato Grosso del sur. Batista puso una de sus compañías en ese estado por los incentivos fiscales que ofrecía. Su hegemonía en el mercado de ganado en el estado, así como la generación de 10.000 empleos en un estado con 2.5 millones de personas lo colocan en una posición dominante. Aun así sobornaba funcionarios, una postura a todas luces ilógica, salvo que se quiera establecer un protocolo en el que sin corrupción no funciona nada.

Esta lógica se ve plasmada en la inversión de su compañía en el estado. Se instala para beneficiarse de los incentivos fiscales; en realidad de la exención impositiva, de común acuerdo con las autoridades. Un día los beneficios de los incentivos fiscales no se cumplen o quedaba a la merced del gobernador para que lo amplié. Lo cual es íntegramente contradictorio y fingido. Más extraño resulta si se toma en cuenta que el gobernador es del mismo partido que su ex CEO (PSDB), y actual Ministro de Hacienda. Lo cierto es que sigue sobornando.

En el caso del BNDES, el dueño de JBS, asegura que nunca pagaron un peso, aunque la prensa de Brasil lo acuse de sobornar a Luciano Coutinho, gerente del banco. Lo que llama la atención es que él asegura haberle corrompido a Guido Mantenga (ex Ministro de Hacienda durante las presidencias del PT) y a miembros del PT por las inversiones del BNDES en su compañía. Pero el actual Ministro de Hacienda desconoce el tema: nunca recibió un peso, ni sabe del salto exponencial en el 2007 ayudado por el banco, ni de las ganancias cambiaria y accionaria actuales.

La corrupción se convirtió en regla de juego, a su entender. Los empresarios no son   corruptos per se, es que no les queda otra alternativa para poder competir y manejar sus negocios. El soborno es el costo de operar. Pero, extraña ambivalencia, son rehenes de políticos para hacerles favores y garantes de destituciones de presidentes o de intrigas al destituyente actual.

En algunos pasajes cuando el periodista deja de ser tan O Globo y lo increpa como socio y parte del sistema, el empresario intenta reconocer, pero dos palabras después expresa que “culpable o no” lo que muestra que no se siente culpable. Lo cierto es que, ingeniosamente, trataron de lograr dos cosas, de las cuales hasta ahora alcanzaron una. Desestabilizar al inquilino del Planalto y sacar ventajas financieras con ello. Esta parte se consiguió largamente. Apremiar a Temer con las reformas de trabajo y seguridad social, no. Y tampoco importa mucho quién esté si se cumplen.

Fuente: El Tábano Economista