Es la tasa, imbécil

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Resulta divertido ver cómo la prensa se desenvuelve respecto de los vaivenes del tipo de cambio, sorprendidos o superados, dependiendo de las conveniencia del gobierno. Lo cierto es que este juego de dólares, tasa de interés e inflación, se retroalimenta y siempre cae al mismo lugar.

La idea es la del autito chocador: si se presiona al dólar y este aumenta, el protocolo neoclásico indica que se debe subir la tasa de interés; si la tasa es alta, pero no tanto, el dinero fluiría a los dólares, y si este aumenta la inflación se desboca, por lo que hay que impulsar aún más la tasa de interés, y ahí vamos a chocar otra vez, pero siempre dentro de un perímetro. A simple vista esta tesis de déficit y emisión parecería correcta, aunque mirada con un poco más de detalle, lo que parece moverse en círculo va en línea recta al mismo lugar.

La lógica, según el BCRA, es la siguiente: se adoptó formalmente una política monetaria de metas de inflación a partir del 1º de enero 2017, según el Informe de Política Monetaria de julio 2017 del BCRA, donde se compromete a alcanzar una tasa de inflación del 12%-17% para el 2017, 10% para 2018 y 5% en el 2019.

No es que la idea de metas de inflación no existiera con anterioridad a enero de este año. De hecho, con el advenimiento de la medición de la inflación núcleo (que deja fuera los componentes de mayor volatilidad, estaciones o regulados), en la metodología del INDEC se hace referencia y se adopta formalmente la tasa de interés como ordenadora de la inflación.

No vamos a ser muy exhaustivos en la explicación de los mecanismos de financiamiento del Estado; trataremos de dar una visión simple para facilitar la comprensión de la idea que deseamos transmitir. Usted, si es gobierno, tiene varias alternativas para cubrir su déficit. Una es emitiendo dinero, bonos o letras, lo que le guste; esto es un simple endeudamiento. Si usted emite billetes y monedas para cubrir el déficit, los monetaristas imaginan inflación. La emisión genera inflación, sería la síntesis de los tipos como Alsogaray.

Como el gobierno no quiere realizar emisión monetaria, ¿como funcionaría entonces? Suponga que usted trae 100 dólares por exportaciones. Bien, el BCRA lo toma, presumamos que los pone en reservas, y a usted le da pesos a cambio de los dólares, al valor que se encuentre el tipo de cambio en ese momento, supongamos que a $10. Es decir, el gobierno emitió 100 x 10= $1.000 que no estaban. Ahora bien, como no quiere moneda ficticia, saca una letra, en este caso del Banco Central, lo que define las LEBAC. O sea, un título de deuda de corto plazo.

¿Qué hace con ese título? Lo licita en el mercado a una tasa de interés, y usted, bancos, inversores, compran un papelito, en su caso compra las LEBAC y el BCRA se queda con los $1.000 que le dio por U$S 100 que usted ingresó. Lo que emitió lo rescató, o sea, absorbió los pesos. Para licitarlo tiene que ser a una tasa de interés atractiva para que sea más rentable comprara papelitos y no gastar en consumo, en dólares o plazo fijo, por ejemplo.

El mismo sistema se utiliza si el gobierno pidió prestado y tuvo que emitir para tapar huecos (déficit fiscal), endeudamiento provincial en dólares, que se transforma en  pesos, deuda de particulares en dólares, préstamos al Tesoro, etc, etc. Tanto es así que cuando la cabeza del Banco Centra tomó la presidencia en diciembre del 2015, se habían emitido $238.115 millones de estas letras, hoy hay un sotck de $ 847.778 millones; se multiplicó por 3.5.

Con la idea de que no se incentive el consumo si hay inflación, o la compra de dólares si hay especulación, el BCRA sube las tasa; ya las tiene al 26.5%. Si el BCRA sigue emitiendo LEBAC a carradas, tal como sucede, asomarían algunos inconvenientes en el horizonte.

Para tener una idea, las reservas están en el orden de los U$S 47.869 millones, a un tipo de cambio de 17$ por dólar, da unos 837 MM, una cantidad menor que las LEBAC que llevan emitidas, unos 850 MM. Usted puede especular que esta relación es  peligrosa dependiendo de la periodicidad con se renueve las letras. Bueno, pues el 59% de las colocaciones de LEBAC está a un mes de plazo, entre un mes y tres meses el 18%, el 16% entre 3 y 6 meses y un magro 7% entre 6 y 12 meses. (https://goo.gl/cyjwjw).

Es decir, que unos $500 MM se licitan mensualmente; si no se renuevan en su totalidad, una parte se irán a dólares, consumo, o lo que le guste. El problema empieza a tener ribetes preocupantes, máxime si, como sucede, mucha personas e inversionistas prefieren dolarizarse esperando las elecciones. Debo decir que esto pasa en las elecciones presidenciales, no en la medio término.

De todas maneras, entre rumores, expectativas y necesidad de ganancias rápidas, quienes tienen esta abrumadora cantidad de LEBAC pueden mandar señales de que la tasa debería ser más elevada para seducir la renovación. De hecho, los bancos que son quienes tienen la mayoría, son quienes fijan la tasa. Mayores tasas frenan la economía, detienen al dólar, bajan la inflación y aumentan los intereses a pagar; se van a pagar unos 4.5 puntos del PBI para este año.

La idea es de una fuga imposible, es como el cuento de buena pipa, pero es así. El Banco Central tiene poder de fuego para detener la escala del dólar, eso es obvio, entre las reservas, los dólares en banca privada, el endeudamiento de las provincias por encima de los U$S 10.000 millones tiene dólares para llevarlo al nivel que quiera.

Pero no lo hace; de hecho, convalida cada aumento del dólar, como asegurándose que exista un nuevo piso. El gobierno necesita que el tipo de cambio aumente, y que la tasa lo acompañe. Desde la eliminación del CEPO el peso estaba 9.80 hasta mediados de junio que su volar estaba a 16, el tipo de cambio se deprimió en un 63%, mientras que la inflación, según la ciudad de Buenos Aires, fue de 60%, asi es que la inflación se comió a la devaluación.

En el mismo lapso las oleaginosas, la soja para ser exactos, aumentó un 24% a nivel local y 11% a nivel internacional. Lo que se ganó con la quita de retenciones y devaluación se está diluyendo en forma acelerada. Si se obtuvieron ganancias en costos laborales menores en términos de dólar y en valores internos, se perdieron valor con la devaluación y con la inflación.

Este juego de tasa de interés altas con ganancias financieras tiene 18 años de ocurrencia en Brasil, desde que en mayo de 1999 se puso en práctica la política de metas de inflación. Desde fines del noventa y nueve Brasil está en el podio de las tasa de interés real más altas del planeta, y en los dos últimos meses Argentina, que no estaba, apareció en el puesto 10 (https://goo.gl/45YmLt).

Fernando Henrique Cardoso era llamado el abuelo por los bancos y Lula el tío; ambos dieron fortunas a ganar con la tasa SELIC y PTAX a los bancos extranjeros y privados de Brasil. Con una fuerte ingreso de pobres a clase media, como en Brasil por el impulso de la demanda, la bicicleta pasaba desapercibida, pero con desequilibrios manifiestos, como en la Argentina, el asunto es más complicado.

Aumentar la tasa con los incrementos del déficit argentino parecería la lógica del gobierno y la mirada de los especuladores, por lo que esto seguirá por un tiempo. Aunque el valor del dólar aumente más allá de 23, algo que uno imagina para diciembre, el problema es la bomba activada por las LEBAC y su renovación mensual.

Mientras tanto, con la justificación de disparadar del dólar ¿nadie sabe quién impulsa su aumento?, pues los mismos que no renovaron una parte de las LEBAC. Y a cauda de este aumento la suba en la inflación permite seguir con una tasa creciente que detenga el consumo, que baje los salarios y que permita ganar más especulando. Brasil será la muestra, que baja la tasa después de tener deflación.

Las depreciaciones, la inestabilidad política y las políticas de flexibilización laboral de Brasil marcarán la agenda. Estamos compitiendo contra la incertidumbre de Brasil, si algo sale mal acá le achamos la culpa al país limítrofe. Si queremos seguir especulando alabamos sus virtudes. Lo que si es cierto es lo que vendrá: el neoliberalismo es una fábrica de ilusiones futuras; la tasa seguirá igual o más alta, pero un día comenzará su declive. Esperemos estar aquí cuando eso suceda.

Fuente: El Tábano Economista