MUTACIONES BIO-HISTÓRICAS ACTUALES

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El desafío central de la Humanidad en este momento es el de crear una inteligencia colectiva que nos permita enfrentar los desafíos planetarios de la pobreza, la contaminación ambiental, las desigualdades sociales y la aplicación de los recursos científicos y tecnológicos para mejorar la calidad de vida. Nota publicada originalmente en la revista Relaciones, de Montevideo.

Por Augusto Pérez Lindo (*)

… sabemos que el Homo Sapiens no ha usado hasta el presente sino una pequeña parte de las posibilidades de su espíritu/cerebro. Estamos en consecuencia, lejos de haber agotado las posibilidades intelectuales, afectivas, culturales, de civilización, sociales y políticas de la Humanidad. Eso quiere decir que nuestra cultura actual corresponde a la siempre presente prehistoria del espíritu humano, y que nuestra civilización actual corresponde a la siempre presente edad de hierro planetaria. Edgar Morin, Tierra Patria, 1993, p.216

La ausencia de una filosofía de las transformaciones actuales

La Filosofía, y las ciencias humanas, tienen como deuda pendiente una teoría de los cambios en el mundo actual. ¿Hemos entrado en un nuevo mundo? ¿Cómo interpretar las mutaciones que estamos viviendo? ¿Cambió la realidad y cambiaron nuestros conceptos sobre las cosas? ¿Podemos sostener los mismos criterios de verdad de épocas anteriores? ¿Cómo interpretar los conflictos y las innovaciones actuales? ¿Podemos elaborar una visión del mundo que nos permita redefinir nuestra conciencia histórica y formular un nuevo modelo global de desarrollo?

En el libro “Mutaciones. Escenarios y filosofías del cambio de mundo” (1996) sostuve que no estamos viviendo una crisis, ni una serie de crisis sino algo más profundo. Todavía recurrimos a teorías del cambio social de principios del siglo XX. Pero no se trata solamente de identificar algunos factores determinantes. Pensamos que los cambios actuales pueden interpretarse como una mutación bio-histórica porque se modifican las identidades individuales y sociales, cambia el modo de producción, el equilibrio del eco-sistema, el sentido del espacio y del tiempo; se amplía la capacidad para reproducir seres vivientes, para crear robots e Inteligencia Artificial; la globalización, la informatización y la cientificación del mundo transforman el orden natural, la territorialidad, los procesos económicos y la capacidad de innovación tecnológica.

Distintos autores han tratado de darle un nombre a las nuevas realidades. Se ha dicho que entramos en la Era del Antropoceno, en la Era Planetaria, de la Globalización, de la Información, de la Biotecnología, de la Economía del Conocimiento, de la Inteligencia Artificial, del Calentamiento Global, de la Colonización Interplanetaria, de la Post-Historia. Muchos perciben los acontecimientos políticos, las crisis económicas, los problemas ecológicos, los conflictos sociales, pero no registran la vinculación de estos fenómenos con los procesos de más largo alcance.

Cabe preguntar ahora, a mediados de 2018, si los fenómenos observados a fines del siglo XX siguen vigentes y si se han modificado las tendencias. Constatamos que la “globalización” y la “planetarización” se han profundizado aunque esto ocurre al mismo tiempo que resurgen los movimientos nacionalistas, regionalistas, etnocéntricos. Esta contradicción se vive intensamente en la Unión Europea y en África. Algunos piensan que la globalización no es más que un proyecto político, pero muchos países, aún los bloques dominantes como EE.UU. o la Unión Europea tienen que enfrentar el derrumbe de las fronteras con el flujo masivo de inmigrantes. A la libre circulación de capitales le sigue la circulación forzada de los trabajadores y de los excluidos. Ya en 1844 el Manifiesto Comunista de Marx y Engels anticipaban que a la mundialización de la economía capitalista debía corresponderle la mundialización de los conflictos sociales.

También podemos constatar que la “informatización de la sociedad” ha avanzado hasta niveles que antes parecían ciencia-ficción. Más de un millón quinientos mil robots reemplazan mano de obra en industrias de todo el mundo. Operaciones bursátiles, telefónicas, de gestión eléctrica en las ciudades, actividades hospitalarias, en los bancos dependen de sistemas electrónicos. (Castells, 2001) Las “realidades virtuales” alteran nuestras experiencias y percepciones. Entramos en la Era de la Inteligencia Artificial. Miles de ciborgs circulan por las calles con elementos híbridos. La conexión mente-computadora permitirá pronto obviar la memorización de cursos en los sistemas educativos.

La “feminización de la sociedad” y la emancipación de las mujeres se ha venido extendiendo en el mundo. (Valcarcel, 2000) En varios países de América las mujeres son mayoría en la universidad. Ahora comparten las luchas por sus derechos con los homosexuales, lesbianas, gays, transexuales. En un cierto número de países ya se reconocen por lo menos cinco identidades de género a los efectos jurídicos y sociales.

Los procesos de democratización se han difundido por todos los continentes pero también han resurgido Estados y gobiernos autoritarios. Los movimientos sociales tienden a cuestionar y superar los partidos políticos tradicionales como agentes de representación popular. En Europa, América Latina, África o Asia, la deslegitimación del Estado y de los partidos políticos han creado situaciones de ingobernabilidad. Se habla de Estados fallidos.

Hablábamos en 1996 de la formación de un “cuarto mundo” de pobres, marginados y excluidos. (Pérez Lindo, 1996) Este nuevo “proletariado” no tiene, como el proletariado industrial del siglo XX animado por el socialismo, una expresión ideológica homogénea. Entre otras cosas por su composición heterogénea. En los países islámicos los “fundamentalistas” lideran la emergencia de estos nuevos actores con un proyecto mesiánico. En América Latina nuevos movimientos sociales disputan a los partidos la representación de este “cuarto mundo”. Los narcotraficantes han desplazado a las guerrillas tradicionales en la captación de sectores pobres y marginales. En África se combinan las guerras tribales, los ejércitos islámicos, las formaciones de mercenarios o traficantes, los movimientos nacionalistas y los gobiernos autocráticos. En los países desarrollados los nuevos excluidos (que pueden ser de clase media educada) se vinculan con los nuevos y viejos pobres que se expresan a través de agrupaciones políticas anti-sistema, generalmente de derecha. La sociología tradicional ya no puede dar cuenta de estas nuevas formaciones sociales.

Interpretar las mutaciones en curso

¿Cómo podemos interpretar las mutaciones en curso? Desde un punto de vista general podemos decir que la profundidad de los cambios que estamos viviendo se percibe en el hecho de que las ideas sobre la realidad se han modificado en distintos ámbitos. (Pérez Lindo, 2003) Las concepciones “realistas”, “objetivistas”, reculan frente a los avances de la “realidad virtual”. En Economía aparecieron las “cripto –monedas”, el “comercio virtual”, las “organizaciones virtuales”. Se practican consultas y terapias médicas, psicológicas y otras por Internet. Hospitales virtuales atienden las 24 horas del día más allá de las fronteras. Las tecnologías de la información han permitido que surgiera una “intersubjetividad” virtual entre individuos y grupos. La virtualización de la educación avanza en todos los niveles y de manera trasfronteriza. De hecho ya existe un sistema educativo virtual, global y gratuito. El principio de realidad se modifica entre los niños y los jóvenes.

Las nociones de “territorialidad” o “espacialidad” se modifican. Algunos hablan de la “desmaterialización” de la economía y otros de la “des-sustancialización” de la sociedad. Fábricas virtuales arman artefactos en alta mar o en cualquier lugar usando componentes que provienen de lugares distantes. Alvim Toffler hablaba en El cambio de poder (Toffler, 1991) del surgimiento de organizaciones versátiles e inespaciales. Parecía algo fantasioso.

Así como la idea de realidad está cambiando resulta lógico reconocer que las nociones de “verdad” también están cambiando. En la Física Cuántica lo “concreto” no es lo mismo que en la Física Clásica. La idea de la “materia”, del espacio y del tiempo ha cambiado. Pero las teorías científicas pueden ir más allá del sentido común. En la economía los “bienes intangibles” se han valorizado más que los activos tangibles de la industria. Hollywood se cotiza mejor que Detroit. Google o Microsoft generan más ganancias y actividades que la mayoría de las industrias. Por otro lado, asistimos a la “desmaterialización” y a la “des-sustancialización” de los conceptos y de las teorías en todas las disciplinas.

La “globalización” es un proceso que tiene efectos ecológicos, económicos, sociales, culturales y políticos en todo el planeta. Algunos la asocian causalmente con el capitalismo pero se trata de un proceso evolutivo que tiene antecedentes históricos. En el pasado hubo intentos de “mundialización” (Imperio Romano, Cristianismo, Imperio Otomano, Colonialismo europeo, Comunismo). Muchos utopistas desde el siglo XIX (liberales, socialistas, anarquistas, comunistas) creyeron que la “mundialización” traería el progreso, la igualdad, la democracia universal. Pero se han producido retrocesos tanto en la democratización de las sociedades como en los acuerdos sobre el eco-sistema mundial. Las reacciones del gobierno de Donald Trump en EE.UU. para frenar la inmigración o para desestabilizar los acuerdos y alianzas existentes, tienen sus correlatos en el crecimiento de los movimientos secesionistas o racistas europeos y africanos. La formación de una “comunidad mundial” parece hoy más lejana que hace décadas atrás. Algunos se preguntan si estamos en la “pre-historia” o en la “post-historia” teniendo en cuenta los escenarios actuales.

Así como se modifican las nociones del espacio y de la territorialidad también se modifica la experiencia del tiempo, la “temporalidad”. En las grandes ciudades disponemos de servicios on-line las 24 horas del día. Los operadores bursátiles pueden intervenir en distintas bolsas en cualquier momento del día. La cultura “24 horas online” ha modificado los hábitos y cronogramas de las personas. Muchas de las grandes ciudades mantienen abiertos las 24 horas servicios de distinto orden.

Los niños acceden desde los 2 años a los programas de TV o Internet compartiendo la cultura de los adultos. A los 12 años un niño de cualquier ciudad habrá recibido 14.000 horas de imágenes y mensajes de la televisión o de Internet, y unas 12.000, o menos, de escolaridad formal. En consecuencia, maduran mucho más rápido que lo normal. El aula se ha corrido detrás del muro de la escuela, como imaginaba McLuhan en Understanding Media. The Extensions of Man (1964) La edad mental y la edad escolar de los niños se han modificado de hecho, aunque los sistemas educativos sigan con las estructuras de comienzos del siglo XX. La duración de la vida se ha prolongado en todas partes. Ahora muchos países necesitan organizarse para la “tercera edad”.

En las condiciones actuales “todo lo real se vuelve virtual y todo lo virtual se vuelve real” (paráfrasis de una frase de Hegel: “todo lo real es racional y todo lo racional es real”). Las fronteras de la economía o del Estado se han “desrealizado”. La “economía virtual” de Hollywood produce más beneficios que la “economía tangible” de las industrias de Detroit. Las diversidades sexuales, familiares, étnicas, de clase o de edad se disuelven en el magma de las redes sociales y de los sistemas de información. La horizontalización y masificación de las redes sociales en la matrix informática suprime las diferencias y produce deseos, expectativas o acciones para empoderar o degradar a los usuarios. El acceso a los conocimientos se ha ampliado al infinito. Pero al mismo tiempo, los manipuladores de las redes se han convertido en nuevos agentes de poder en negocios financieros, sexuales, políticos, económicos, militares, del narcotráfico o de sectas de las más diversas. Las mega-empresas informáticas Google, Facebook, Microsoft y otras se han visto involucradas en operaciones de control de información, espionaje y manipulación de la opinión pública.

El reino de la Inteligencia Artificial planea hacia el futuro como una promesa y como una amenaza. Muchos temen que se convierta en una especie de Dios – Logos capaz de controlar la consciencia mundial. O sea, el Gran Hermano del que hablaba George Orwell en su novela 1984.

La experiencia de cambios vertiginosos y permanentes erosiona la reflexividad de los individuos. Pocos trascienden el análisis de los acontecimientos actuales. Las personas suelen adaptarse a los cambios más extremos “naturalizando” las nuevas realidades. Como si fueran normales. Muy pocos toman distancia de los hechos puntuales para entender su significado. Filósofos y científicos alertan sobre la necesidad de fortalecer la conciencia moral, la responsabilidad social y el espíritu crítico frente al magma de las transformaciones actuales. Autores como Anthony Giddens, Jurgen Habermas o Edgar Morin han destacado la importancia de la “reflexividad” en la ciudadanía contemporánea. Han surgido en todas partes individuos, organizaciones y redes que buscan explicitar los efectos perversos de los cambios del mundo.

Los filósofos postmodernos decretaron el fin de la idea del progreso. Esto quiere decir que no hay una ley social que asegure que una sociedad va a “progresar” necesariamente hacia un futuro mejor. El “progresismo” inspiró desde el siglo XIX a movimientos liberales, socialistas, comunistas, reformistas o revolucionarios, para luchar por los derechos individuales y sociales o para introducir innovaciones técnicas en todos los ámbitos de la sociedad. Según los “posmodernos” no existe una intencionalidad inmanente en los procesos sociales. Reina la incertidumbre. Por eso deberíamos dejar de lado los “grandes discursos” sobre la “revolución” o sobre el mejoramiento inexorable de las sociedades. (Lyotard, 1995)

La informatización, la economía del conocimiento, la globalización, han transformado las condiciones de acumulación y de producción económica, desplazando mano de obra, descalificando a obreros, técnicos y profesionales, debilitando las funciones del Estado y afectando las relaciones sociales. Los impactos perversos de todos estos cambios alimentan todo tipo de escepticismos y pesimismos.

Pese a todo, autores como Johan Norberg en su libro “Grandes Avances de la Humanidad” (Norberg, 2018) muestran con profusión de datos e indicadores que en todas partes mejoró la alimentación, bajaron los índices de mortalidad, se generalizó el acceso a la educación, se prolongó la duración de la vida, mejoraron las condiciones de trabajo y las nuevas tecnologías se volvieron accesibles a todo el mundo. Las mujeres ganaron derechos en muchas partes y la ciudadanía democrática también avanzó en todos los continentes. Esto muestra que en medio de grandes contradicciones las aspiraciones humanas y la búsqueda de mejoras en las condiciones de vida no han cesado de manifestarse. La posibilidad de progresar y mejorar sigue viva. Sin embargo, pesan sobre la Humanidad actual el agravamiento de la exclusión social y el deterioro acelerado de los desequilibrios ecológicos.

Verdades inoportunas y globalización del pensamiento

El capítulo del deterioro ambiental, junto con la pobreza global, es tal vez el que justifica las predicciones más catastróficas. Porque como lo ha mostrado Al Gore en el documental “Una verdad incómoda” (2006) las tendencias destructivas hacia el medio ambiente vienen de lejos y no dejan de agravarse. Luego de la Convención de Naciones Unidas para el Cambio Climático (Río de Janeiro, 1992) y del Protocolo de Kyoto de 1997, las políticas de China, Estados Unidos, India y otros países responsables del calentamiento global no han permitido revertir las tendencias catastróficas. El “negacionismo ecológico” del Presidente de EE.UU. Donald Trump ha terminado por instalar un sentimiento de impotencia y pesimismo en el mundo. Pero la opinión pública en general reproduce el negacionismo ecológico con la expectativa del crecimiento económico o de reformas políticas.

Por primera vez todas las culturas se han vuelto “contemporáneas” pues se reconoce la diversidad cultural y la recuperación de las identidades ancestrales. Se terminó la jerarquización entre “sociedades modernas” y “sociedades primitivas”. “Todas las culturas se valen” decía el antropólogo Levy-Strauss. Ahora todas las culturas son equivalentes, contemporáneas. Las visiones colonialistas, etnocéntricas y racistas han sido criticadas en todas partes, aunque subsistan discriminaciones. Es un logro tanto de las Naciones Unidas como de las luchas anticoloniales. El “pensamiento poscolonial” se ha impuesto en los círculos académicos y políticos. (Lander, 2000) Además, se han producido procesos de mestizajes debidos a las grandes migraciones internacionales. Las sociedades homogéneas han dado lugar a culturas híbridas y a sociedades multiculturales. (García Canclini, 1999) En la India coexisten las castas tradicionales y las industrias modernas. También se producen retornos a culturas ancestrales, a comportamientos tribales y al pensamiento mágico en todas partes.

Desde el punto de vista filosófico hay que lamentar que la “globalización” no haya provocado el surgimiento de un pensamiento universal y multicultural. El eurocentrismo filosófico prevalece en las universidades de Occidente. Pero en el Oriente tampoco se han propuesto síntesis de un pensamiento universal.

El sesgo “pragmático” de las ideologías dominantes se ha propagado a todo el mundo. La acción, el discurso sobre la acción y la gestión han cobrado una gran relevancia. Asimismo, muchos operadores económicos y políticos asumen que “lo que funciona es lo verdadero”, “el que vence también convence”. El pragmatismo aparece como modelo de conocimiento e ideología de los operadores económicos y políticos. Las teorías de la acción y de la praxis se ubican en el centro de las ciencias sociales.

Junto al voluntarismo pragmático han surgido los “fabricantes de verdades”, los creadores de “post-verdades”, que han encontrado en Internet y en las redes informáticas globales un espacio formidable de difusión. Cerca de la mitad de la población mundial vive bajo regímenes donde “la verdad”, “la información”, “el conocimiento” están sujetos a formas de “pensamiento único” o de “ideologías dominantes”. El pluralismo filosófico se encuentra tan amenazado como la diversidad cultural y la biodiversidad. Esto muestra la fragilidad de los sistemas democráticos, pluralistas y sustentables.

Junto con estos fenómenos también descubrimos, y esto antes del surgimiento de Internet, que los “productores de verdades” son los medios de comunicación de masas. Ahora, con la intervención de los programas informáticos y de los hackers, también se pueden producir “efectos de verdad” en la opinión público como ha ocurrido en elecciones de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros lugares. Se habla de la “posverdad” y aparecen las “fake news” (noticias falsas) que algunos consideran como resultado de la “explosión de informaciones” y otros como estrategia de determinadas organizaciones para imponer sus puntos de vista. El devenir de la verdad ya no está asegurado por la racionalidad y la cultura científica como muchos creyeron durante el siglo XX.

Las contradicciones actuales muestran la validez de los esfuerzos realizados desde la creación de Naciones Unidas el 24 de octubre de 1945 para acordar de manera plural un conjunto de principios relacionados con el orden mundial y los derechos individuales y sociales. Se puede criticar con justicia la impotencia del organismo para aplicar estos principios pero no se puede negar que ha sido un paso gigante en la historia de la Humanidad el lograr un “consenso moral y universal” sobre normas básicas de convivencia justa.

Los Derechos Humanos se convirtieron en un Código Internacional no solo por el consenso de las Naciones Unidas sino también por las luchas concretas de los actores sociales contra todo tipo de dominación. Podemos hablar de un fundamento “consensual y práctico” de esos principios. El respaldo de las Declaraciones de Naciones Unidas justifica y sostiene moralmente a todos los que luchan contra las injusticias y buscan mejores condiciones de vida.

Un aspecto que destaca Alain Touraine en “El fin de las sociedades” (Paris, 2012) es que en las sociedades postindustriales la mayoría de los actores sociales procura un tipo de bienestar acorde con su individualidad. Se busca la subjetivación de la socialidad. (Ver también Giddens, 1993) Se debilitan entonces los grandes referentes simbólicos como la Nación, Dios, la Sociedad, la Humanidad, la Naturaleza, la Cultura. Se avanza hacia la “subjetivación” de las relaciones sociales. La consciencia individual se desarrolla con la educación, pero también con los beneficios del Estado de Bienestar y de la sociedad de consumo.

Pareciera que los procesos de individuación conspiran contra la necesidad de construir una inteligencia colectiva para resolver los desafíos planetarios. Pero, ¿existe una consciencia planetaria como lo proponen los movimientos ecologistas? ¿No es el retorno a los intereses nacionales, sectoriales e individuales lo más notorio de lo que pasa en el mundo actual? La Humanidad enfrenta desafíos que solo se pueden resolver con un gran consenso universal pero al mismo tiempo se encuentra trabada por la negación de los problemas globales y de la responsabilidad planetaria. El Foro Social Mundial de Porto Alegre (2002) inició un intento de vincular a miles de asociaciones con esos propósitos. Pero no se pudieron superar las barreras ideológicas, filosóficas y culturales. Los movimientos ecologistas y “alter-mundistas” también intentaron crear una consciencia mundial para salir de los atolladeros actuales. Los Foros como el Grupo de los 7, Grupo de los 20, Unión Europea, UNASUR, Mercosur y muchos otros que se crearon para fomentar la cooperación internacional ni remotamente logran acuerdos para promover un modelo de desarrollo mundial sustentable y solidario. Parece que la búsqueda de una “comunidad mundial justa” puede resultar una “misión imposible”.

Cambios en la el concepto de realidad y de verdad

El problema de la verdad se revela, desde un punto de vista epistemológico, como una apertura a una visión más compleja de las condiciones de producción y acreditación de teorías y conceptos válidos. Antes se discutía si una proposición científica se lograba observando la realidad o utilizando una deducción racional. Ahora sabemos que una proposición verosímil puede surgir de la observación de la realidad, de una intuición subjetiva, de una deducción racional, de un análisis de los discursos científicos, del consenso social o del estado de los conocimientos vigentes. No hay una sola fuente de descubrimiento ni un solo tipo de justificación de las teorías. Algunas se pueden verificar empíricamente otras surgen de la coherencia lógica, como los teoremas matemáticos. Tenemos pues un nuevo régimen de verdades diferente a los anteriores paradigmas (realismo, racionalismo, experimentalismo, idealismo, pragmatismo) donde se buscaba una única vía de legitimación de las teorías (la razón, la realidad, la coherencia de los discursos, el consenso académico). Además, ahora sabemos que todas las teorías son refutables. Por lo tanto, debemos admitir un horizonte de incertidumbre hacia el futuro porque en la medida en que progresa el conocimiento científico también se abren nuevas incógnitas a resolver.

Todos los acontecimientos y procesos enunciados indican que estamos viviendo un cambio de mundo. Pero la profundidad del cambio se revela en todo su poder con el surgimiento de las biotecnologías que permiten dominar las leyes de la naturaleza. Ahora se pueden crear plantas o animales, se pueden clonar especies o fabricar órganos. Estamos en presencia del tránsito hacia un orden transnatural. Hipótesis que se vuelve más inquietante con la alianza entre la inteligencia artificial, la ingeniería molecular y la ingeniería genética que permite fabricar androides con características humanas. Stephen Hawkings llegó a decir en la Conferencia Global de Internet Móvil de Pequín (2017) que el descontrol de la inteligencia artificial puede ser la amenaza más grave para la especie junto con el calentamiento global del Planeta. Actualmente, Max Tegmark en Vida 3.0: ser humano en la era de la inteligencia artificial (2018) plantea otras hipótesis del mismo tenor.

Entre las interpretaciones sobre el cambio de mundo algunos como Fukuyama (El fin de la Historia y el último hombre, 1992) creyeron por un momento en el triunfo de la globalización liberal capitalista. Otros, desde el neo-marxismo ven la culminación del “capitalismo tecnológico” o del “capitalismo informático”. (Jameson, 1996) Ecologistas como James Lovelock interpretan que la “industrialización” es la principal responsable de los desequilibrios actuales y que la naturaleza ahora se toma la revancha con una serie de catástrofes en curso. (Lovelock, 2007) Los ecologistas ven en el modelo industrialista y depredador la causa de los desequilibrios y los cambios.

Del nihilismo social al proyecto de comunidad mundial

Uno de los aspectos más inquietantes de los procesos actuales es el surgimiento de una especie de “nihilismo social”, de negación de la socialidad que alimenta todo tipo de violencias, desde los crímenes de las guerras en curso hasta los homicidios provocados por delincuentes. En 2017 México registró 34.000 homicidios y Brasil unos 64.000 homicidios. En Estados Unidos las muertes por sobredosis de drogas suman más de 50.000 en 2016. Los índices de suicidios juveniles han aumentado en América Latina.

La deslegitimación del Estado y la desintegración de las relaciones sociales producen múltiples efectos. La crisis de los vínculos sociales, de las familias, de la escuela, el debilitamiento del Estado, el crecimiento de las mafias y de las organizaciones criminales, la cultura de la violencia difundida por los medios, todo contribuye a crear situaciones dramáticas que imponen el sentimiento de la inseguridad. La violencia escolar alcanza cifras impresionantes en Estados Unidos, Francia, Brasil y otros países.

Reconstruir la socialidad aparece como una exigencia vital para las poblaciones actuales. En muchos países, por motivos distintos, parecería coherente formular biopolíticas para garantizar la vida, la solidaridad y el bienestar de las personas. La supervivencia de millones de personas está amenazada por las violencias sociales, por las guerras, por el hambre, por la exclusión social, por la miseria. Se trata de una escala muy superior a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial.

Al revisar todos los fenómenos que están ocurriendo no puede dudarse que se trata de una evolución de escala planetaria. Las teorías y las creencias sobre las causas de estos males dividen a los grupos sociales. Pero estas divergencias no deberían paralizar la capacidad para afrontar los desafíos actuales sino que podrían servir para ensayar respuestas diferentes. Tomando en cuenta todos los fenómenos enunciados podemos sostener que lo que estamos viviendo es una “mutación bio-histórica”, porque no solo se modifican las condiciones históricas (sociales, económicas, políticas, culturales) de la evolución de la Humanidad sino que además se alteran las condiciones biológicas de la especie humana y del eco-sistema planetario. Los geólogos adoptaron en 2008 el nombre de “Antropoceno” para designar la época actual que habría comenzado hacia 1951 cuando se constatan alteraciones en la naturaleza provocadas por la radioactividad y otros eventos.

Necesitamos una “teoría sistémica compleja” para entender lo que sucede a escala global. Asimismo, necesitamos teorías específicas para comprender los efectos de la informatización, de la globalización, del calentamiento global, de la inteligencia artificial, de la explosión demográfica, de los desequilibrios económico-sociales. La explosión de conocimientos que estamos viviendo modifica los paradigmas y teorías vigentes, nuestras ideas sobre la realidad y sobre la verdad establecidas. O sea, marchamos hacia un nuevo orden mundial del conocimiento.

Conceptualmente, si admitimos que estamos en medio de una mutación bio-histórica deberíamos revisar nuestras categorías de análisis. Para la Filosofía aparecen otras perspectivas: tiene que contribuir a construir un pensamiento universal, multicultural y transdisciplinario. Esto quiere decir que la mayor parte de la enseñanza exegética y monodisciplinaria de la Filosofía debería transformarse en un estudio científico y antropológico que abarque todas las ciencias humanas a escala planetaria. Carecemos de una Filosofía Universal, multicultural, transdisciplinaria.

El nuevo orden del conocimiento

Si es verosímil que los cambios del mundo están relacionados con el impacto de los conocimientos científicos y las innovaciones tecnológicas entonces necesitamos nuevas conceptualizaciones sobre la realidad y la ciencia para pensar un nuevo orden del conocimiento. Fue esta preocupación la que motivó en 1921 la creación del Círculo de Viena para la Concepción Científica del Mundo. A más de un siglo de esa tentativa que tuvo sus influencias en la Filosofía de las Ciencias y en la Epistemología contemporánea, pensamos que en un contexto de mayor complejidad, tanto del mundo como de los conocimientos, sería necesario revisar las teorías y conceptos vigentes a fin de establecer un lenguaje actualizado del pensamiento científico.

Algunos modelos teóricos como el marxismo, la teoría de sistemas, el neo-positivismo y otros intentaron explicar el estado del mundo y de las ciencias a partir de ciertos factores determinantes. Pero la evolución de la realidad y de los conocimientos ha puesto en evidencia la complejidad del mundo lo que requiere un enfoque sistémico y complejo desde donde analizar los factores naturales, sociales, culturales, políticos y subjetivos.

Por lo demás, ahora los problemas del medio ambiente y de los entornos tecnológicos (como los sistemas de información) se han convertido en temas centrales de la evolución mundial. Es evidente que la nueva cosmovisión no puede salir de la cabeza de un individuo o de un grupo de individuos sino que requiere una convergencia de variados aportes disciplinarios. Los criterios éticos universales que se han consensuado a través de las Naciones Unidas pueden ayudarnos a construir una visión antropológica, ecológica y política universal.

Filosóficamente el más grande desafío consiste en mantener la exigencia de un conocimiento universal al mismo tiempo que se reconoce la pluralidad de enfoques epistemológicos e ideológicos. ¿Podemos lograr una visión unificada de las ciencias? ¿Podemos compartir principios comunes entre distintas filosofías de todas las culturas contemporáneas?

La universalización de la educación primaria y la generalización del acceso a la educación superior en todo el mundo han creado canales para la difusión de la cultura científica que ya se ha convertido en uno de los aspectos distintivos de la conciencia mundial. Esto constituye un triunfo para la política del conocimiento iniciada por el Iluminismo en el siglo XVIII. Pero dentro mismo del proceso de “cientificación de la sociedad” aparece el reclamo por una nueva visión amigable de la naturaleza y una visión humanista de los avances tecnológicos.

La Era del Antropoceno, como la denominan muchos geólogos, ha surgido como consecuencia de las intervenciones tecnológicas sobre el planeta. La producción de la sociedad hoy depende del despliegue científico y tecnológico. Aún los sectores más pobres se encuentran conectados con teléfonos celulares, televisión, videos o radio a las informaciones del mundo y son afectados por las innovaciones. Vivimos en la sociedad de la información y en la economía del conocimiento. (Castells, 2001: Gibbons, 1997) Todavía no alcanzamos a prever los impactos de las biotecnologías, de la Inteligencia Artificial, de la robotización industrial o de las nuevas fuentes de energía.

Entre el Espíritu de la Humanidad y el destino de 7.500 millones de seres humanos

Pensar los fines o las intenciones de las sociedades actuales nos lleva a buscar un cierto “espíritu de la Humanidad”. También se habla de la nueva “inteligencia colectiva” que estaría surgiendo con Internet. Palabras o metáforas que despiertan desconfianza entre quienes rechazan todo reconocimiento a símbolos meta-sociales. Por otro lado, en el plano social concreto, uno puede preguntarse cuál será el destino de los más de 7.500 millones de habitantes del planeta si se mantienen los paradigmas y comportamientos actuales.

En esta perspectiva tanto los ecologistas como los críticos sociales denuncian que estamos en una espiral catastrófica y proponen cambiar el orden económico mundial, controlar las tendencias individualistas, favorecer la consciencia planetaria y establecer políticas solidarias. Para lograr ese cambio se necesita una conciencia planetaria y solidaria que tarda en despertar y en manifestarse. Por ahora, triunfan el capitalismo financiero, los estados autoritarios, la cultura consumista, el individualismo, las guerras sectarias, étnicas y neo-coloniales. Tendencias suficientes para alimentar el pesimismo que circula entre los analistas del estado del mundo.

Estamos transitando caminos que nos llevan a situaciones insostenibles: la automación del trabajo humano seguirá provocando millones de desocupados, el crecimiento demográfico chocará con el déficit de recursos energéticos, habitacionales, alimenticios. El calentamiento global ya está provocando efectos desastrosos. La pobreza de masas agravará la exclusión social y la violencia. La hipertrofia del sistema financiero seguirá bloqueando el desarrollo de las fuerzas productivas. Evidentemente, necesitamos un cambio de paradigma para aprovechar inteligentemente los recursos técnicos y científicos en favor de un modelo de desarrollo igualitario y sustentable. Pero a nivel de las sociedades concretas las contradicciones entre los intereses comunes y los intereses particulares parecen insuperables.

Estas contradicciones históricas no se pueden resolver retóricamente o en un giro filosófico, como se ha creído muchas veces. El “Espíritu de la Humanidad” ya no reposa en un Estado o en una Ideología sino en una serie de organizaciones, de actores, de procesos y de principios que han tratado de cristalizar las aspiraciones, ideas y creencias de los Estados, pueblos, culturas y sociedades del Planeta. La organización de la comunidad mundial constituye un sistema hipercomplejo de relaciones.

No podemos anticipar el curso de la Historia. Sí podemos corregir efectos o procesos sociales o ecológicos. Con determinadas políticas sabemos que la exclusión social continuará o que el calentamiento global seguirá provocando catástrofes. Hay procesos que permanecen y determinan de manera inerte el curso de los hechos. Pero, ¿quién puede anticipar lo que las nuevas generaciones o los nuevos actores sociales van a pensar o van a decidir? Esta es la dimensión de la subjetividad, de la libertad y de la arbitrariedad.

Sería deseable que los habitantes del Planeta se comporten como ciudadanos del mundo tratando de respetar los códigos y principios establecidos por la comunidad mundial. Sería deseable, tal vez, que se llegue a formar un gobierno mundial. Pero lo realmente decisivo sería que desde los próximos tiempos se acordara un nuevo modelo mundial de desarrollo, poniendo bajo control al sistema financiero y asegurando un bienestar común para todos los habitantes del planeta. En cualquier caso, la nueva civilización estará signada por la incertidumbre ya que no controlamos ni las contradicciones sociales ni las manifestaciones extremas de la naturaleza. Pero podemos prever y contener los efectos perversos. El futuro dependerá, como siempre, de la lucidez de las organizaciones humanas para asumir los desafíos y enfrentarlos de la manera más inteligente de acuerdo a nuestras necesidades.

Se han puesto por delante razones económicas, políticas o culturales para explicar por qué no somos capaces de actuar con el espíritu de una ciudadanía planetaria. Sin descartar esos factores podemos reconocer que el núcleo del problema se encuentre en la persistencia de actitudes que bloquean el surgimiento de una consciencia universal liberadora. El desafío central de la Humanidad en este momento es el de crear una inteligencia colectiva que nos permita enfrentar los desafíos planetarios de la pobreza, la contaminación ambiental, las desigualdades sociales y la aplicación de los recursos científicos y tecnológicos para mejorar la calidad de vida. Muchos han dicho ya que si no se logra este viraje histórico estaríamos viviendo en los umbrales de la autodestrucción colectiva. Y si fuéramos capaces de asumirnos como comunidad mundial tal vez allí comience la verdadera historia de la Humanidad como espacio donde todos los seres humanos puedan encontrar su realización. ¿Nos quedaremos en la pre-historia o marcharemos hacia la post-historia de la Humanidad?


(*) Augusto PEREZ LINDO, Ph.D., ex Profesor Titular y Director de Investigación de

la Universidad de Buenos Aires. Profesor de la Maestría en Gestión Universitaria de
la Universidad Nacional de Mar del Plata y del Doctorado en Educación de la
Universidad Nacional de Lanús. Coordinador Académico de la Red Argentina de
Posgrados en Educación Superior (REDAPES)


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