Tiene miedo de que un día le toque a Ella

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Todos los miércoles, ella se sube al colectivo y va hasta la Universidad. A las 18 horas entra a cursar Gramática I y, como suele llegar temprano, se sienta adelante y disfruta de la clase.


Hasta ahí, el relato es aceptable, no? El problema es a la salida, porque ya es de noche, está oscuro, y las fieras salen a cazar.
Se pone un buzo de esos bien holgados, que no marcan tanto la figura, y después la capucha. Ruega verse un poco parecida a un varón, porque eso le da un poco más de seguridad para volver entera a su casa. Para volver a su casa y punto.
A ella, gracias a Dios nunca le pasó nada. Bah, nunca la secuestraron, nunca le pegaron, nunca la violaron. Sí le pasan otras cosas, por ejemplo le pasa que en esas cuadras que baja caminando hasta la parada de colectivo, se cruza a un grupo de pibes que viene subiendo, imposible de esquivar. ‘Hola, mi amor, qué linda que estás’ –dice uno de ellos y se ríe con los amigos-. Ella piensa, ‘¿será que pretenden que yo llame a eso un piropo o cumplido? ¿De verdad pensarán que tienen el derecho de hacerlo y encima me tiene que gustar?’. Tiene ganas de responder, pero calla. Una nunca sabe si puede tornarse violenta la situación.
En la cuadra siguiente, cerca del supermercado, un señor que tranquilamente podría ser su abuelo, la mira de pies a cabeza y dice :‘Lo que te haría, mamita..’. Mantiene su boca cerrada y sigue caminando.


Todos los días ella sale a la calle y sabe que le va a pasar.

Ella sabe que va a pasar frente a una construcción y le van a tirar besos, le van a decir cosas que ella no quiere escuchar, pero escucha de todas maneras, porque ese día justo se olvidó los auriculares y ellos te obligan a escuchar.
Ella es acosada verbalmente todos los días. El problema es que se acostumbró. ‘Es común, a todas les pasa’, le dice una compañera del laburo. Ella crece con esa idea en la cabeza, y simplemente no debería ser así.
Ella mira las noticias y llora. Porque no puede creer lo que lee. No puede creer que hayan muerto tantas, así, porque les ‘tocó’. Ella piensa en esas mamás, hijas, amigas, hermanas menores y llora un poco más. Piensa en el dolor y en la impotencia. Porque duele y porque asusta. Y porque no entiende. Porque parece que nunca termina, porque tiene miedo de que un día le toque a una mujer de su círculo más amado. Tiene miedo de que un día le toque a ella.
Tiene buenos amigos, un novio que la cuida mucho y un papá que la ama. Sabe que no son todos los hombres así, por ser hombres. No los odia. No es feminista, ni hembrista, ni machista. Entiende que esas son barreras que dividen, incitan al odio. Y en un momento así de nuestra historia, lo que menos nos hace falta es odio. ‘La unión hace la fuerza’, dicen las costumbres. Y este es tiempo de unirnos.
Ella es mujer, y no puede quedarse callada frente a estar realidad. <Ella> sos vos y soy yo. <Ella> somos todos los que hoy decimos BASTA.

Autora: Constanza Pacheco

@pacheconi_